Desde este lado del mar


Expulsiones, centros de internamiento de extranjeros
febrero 8, 2011, 6:32 pm
Filed under: Ecuador, Expulsiones, inmigracion, Papeles | Etiquetas:

Una madre y su hijo expulsado 

La podía imaginar mientras hablaba conmigo. Sentada en una parada de autobuses de Tudela (Navarra), aguantando el frío de un domingo de febrero. Estaría mirando a ambos lados de la vía, esperando que aparezcan sus patrones para recogerla. Ahora es interna en una casa de Tudela, pero yo la conocí en Valencia, en el Centro de Internamiento de Extranjeros (cuya fachada aparece en la foto). Su nombre es Rosario y el verano pasado hacia fila para visitar a su hijo, un joven de 22 años que estaba encerrado por no tener papeles. Cuando salía del centro lloraba a la sombra de un árbol porque su hijo tenía (y tiene) brotes de esquizofrenia y no quería que lo expulsaran de España.“En Ecuador no conoce a nadie, yo lo traje con 14 años”, decía la madre a los desconocidos que la consolaban en las afueras del centro de internamiento. “Aquí están sus hermanas, su padre, estoy yo. Él depende mi”. Treinta días duró el encierro y su madre se esforzó para visitarlo a diario y evitar que se hundiera. Cada día viajó desde Elche, donde vivía, hasta Valencia. Le llevaba las medicinas que toma desde que empezaron los brotes.

Un día dejó de viajar porque recibió la llamada de un boliviano que le dijo que a su hijo le habían sacado de la celda a las cinco de la mañana y que no sabía más. Llamó por teléfono a todo mundo, incluido al abogado que le pidió trescientos euros para tramitar la libertad de su hijo. Nadie le respondió. Estaba a punto de perder la razón cuando en el consulado de su país le confirmaron que su hijo ya volaba a Ecuador.

La vida de esta familia se rompió después de la noticia. Rosario llamó a unos conocidos para que recibieran a su hijo. Les dijo que había tenido que viajar inesperadamente. Ocultó su enfermedad. El padre tardó dos meses en juntar el dinero para viajar a Ecuador. Ahora está con su hijo. Viven en una habitación de alquiler en Piñas, en la costa ecuatoriana. La madre paga los gastos con lo que gana como interna, menos de mil euros. Las otras tres hijas del matrimonio se quedaron en Elche, pero piensan en irse a Suiza, aquí no han conseguido un trabajo estable.

Rosario también coquetea con la idea de marcharse a Suiza. Lo piensa mientras continúa esperando a sus jefes. También piensa en su hijo, con el que acaba de hablar y que le ha pedido volver a España. Él también tuvo papeles, como el resto de su familia, pero los perdió cuando empezaron los brotes de su enfermedad. Un vecino le puso una denuncia por escándalo y su hermana se vio obligada a ponerle otra por maltrato. Lo hizo por consejo de la Policía, para conseguir que lo ingresen en un centro psiquiátrico. Cuando intentó renovar su permiso de residencia, aparecieron estos antecedentes policiales y le denegaron la solicitud.

Este es uno de los “peligrosísimos delincuentes” que el Ministro de Interior se enorgullece de haber echado de España. Que historia más triste. Una cifra más para presumir de su lucha contra la inmigración ilegal.

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